Dicen antiguos escritos que en 1618, al hacer unas obras en el Monasterio de Guadalupe, apareció el cuerpo incorrupto del vaquero cacereño Gil Cordero que encontró la imagen de la Virgen alrededor de 1330. Su cuerpo se expuso tres meses y luego se volvió a colocar en donde se encontró, con una placa señalando el lugar.
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