Georg Esch, murió en un bote salvavidas intentado llegar a la costa de La Coruña. (Del libro 'El cementerio Militar Alemán de Cuacos de Yuste').
Georg Esch, murió en un bote salvavidas intentado llegar a la costa de La Coruña. (Del libro 'El cementerio Militar Alemán de Cuacos de Yuste').
Los restos de los militares reposan en unas urnas enterradas al pie de cada cruz.
La tumba 115 guarda los restos de un chaval que murió el día antes de su 19 cumpleaños. No hay epitafio. Ni flores. Ni siquiera lápida. Solo una cruz de granito gris azulado, sin pulir, y sobre ella, grabados en letras blancas, su nombre y primer apellido, una abreviatura y las dos fechas cumbres en la vida de cualquier ser humano, el día que nació y el día que falleció: Karl Schmidt, Gefr. (soldado de primera del Ejército del Aire,) 30.3.1924-29.3.1943.
Era un alemán de Baviera y murió en nuestro país. como los otros 179 que están enterrados en este cementerio.
ENLACES:
https://www.hoy.es/v/20121104/sociedad/cruz-comandante-hartmann-20121104.html
Comandante Otto Hartmann, al frente del submarino U77 hundido en Calpe.
- Los restos de los militares reposan en unas urnas enterradas al pie de cada cruz.
- Otto Hartmann, comandante del submarino U-77.
Era alemán y murió en nuestro país. Como los otros 179 que están enterrados en el único cementerio militar germano que hay en España, de entre los 827 que existen repartidos por 45 países. Está en Cuacos de Yuste, en el norte de Extremadura, en mitad de un monte de robles elegantes y otoño de manual. Llueve con discreción, y a cada paso tranquilo de Santiago García, una bellota cruje bajo sus pies. En este ejército de cruces idénticas por el que es incapaz de pasar de largo, él tiene su preferida. «Vamos a ver a mi niño», dice. Y mientras coloca sobre la cruz un ramo de frutos rojos que acaba de coger, va contando la historia. «Murió con 26 años, fíjate qué joven, la misma edad que tenía mi hijo una vez que vine con él aquí; yo creo que por eso, por la coincidencia de la edad, siento algo especial por este soldado y procuro ponerle flores cada vez que me acerco».
El niño de Santiago, 67 años, profesor de Historia jubilado, es Otto Hartmann, comandante del submarino U-77. Le faltaron veinte días de vida para cumplir los 26.
Era el pequeño de cuatro hijos de una familia de Stuttgart. Quería estudiar Medicina, pero no sobraba el dinero en casa. Optó por hacer la carrera militar como oficial, para tener una formación universitaria.
De los 85 graduados de su escuela, él fue uno de los tres elegidos para estudiar en la afamada Escuela de Cadetes de Marina de Kiel. En pocos años ascendió a comandante y le dieron un U-77 que fue su tumba.
Su cadáver apareció en la primavera del año 1943 en Altea (Alicante). Había zarpado unas semanas antes desde La Spezia (Italia) al mando de una dotación encargada de controlar el oeste del Mediterráneo, pero tras torpedear a dos buques aliados, les devolvió la moneda primero un avión Hudson de la RAF (Real Fuerza Aérea Británica), y después otro que acabó de ametrallar al sumergible nazi cuando ya estaba en tierra, cerca de Cartagena (Murcia).
Dos pesqueros españoles -'Mauricio' y La Mari Paqui'- rescataron cinco cadáveres, y otra embarcación de la zona, 'Peñón de Ifach', encontró a nueve supervivientes. Se salvaron ellos, pero no 38 compañeros, entre ellos el comandante veinteañero Otto Hartmann y también Karl Schmidt. Los marineros del 'Peñón de Ifach' recibieron un regalo por su gesto. El Agregado Naval de la embajada alemana les entregó un reloj de pulsera y ¡un salvavidas! a cada uno, más mil pesetas para repartir entre todos (eran nueve).
Exhumaciones
La historia del U-77 la conoce bien José Carlos Violat, experto en submarinos de guerra y autor junto a Agustín Ruzafa y Francisco Javier Verdú de 'El cementerio alemán de Cuacos de Yuste'. Es el único libro sobre la historia del lugar, y no hay forma de hacerse con él porque ninguna institución ni editorial acaba de decidirse a gastar el dinero para apoyar su publicación.
Los autores se conocieron en U-historia, una página de internet, y después de tres años investigando, han sido capaces de documentar casi todas las historias, 154 de ellas de soldados caídos durante la Segunda Guerra Mundial y 26 de la Primera.
La mayoría perteneció a la Luftwaffe (Ejército del Aire) o a la Kriegsmarine (Marina de Guerra), y todos murieron y fueron enterrados en España. Desde el 1 de junio de 1983, sus restos reposan en Cuacos de Yuste, en urnas enterradas al pie de cada cruz.
Juntarlos a todos obligó a Gabriele Poppelreuter, una joven de origen alemán residente en Mallorca, a recorrer más de 15.000 kilómetros. Dos años visitando cementerios, tramitando exhumaciones. La lista de lugares de procedencia es un largo paseo, casi siempre por la costa nacional: Ferrol, La Coruña, Zaragoza, Vigo y Villagarcía de Arosa (Pontevedra), Posada de Llanes (Oviedo), Ciriego y Comillas (Santander), San Sebastián, Bilbao, Sopelana, Sobrón y Bergüenda (Álava), Alicante, Altea (Alicante), Albuñol (Valencia), Barcelona, Tarragona y Tortosa; los municipios gerundenses de Cadaqués, Puigcerdá, Puerto de la Selva y Castillo de Arco; Madrid, Palma de Mallorca, Formentera, Menorca, Ibiza, Cartagena, Algeciras, Roquetas de Mar y Balerma en Almería, Las Palmas de Gran Canaria y El Hierro.
«La edad de muchos de los jóvenes allí enterrados -explican Violat, Verdú y Ruzafa en su libro- denota que se trataba de jóvenes que fueron alistados según las necesidades de la guerra, o voluntarios con ganas de aventura que luchaban por su patria, sin ideales, quizás engrandecidos por la propaganda del momento».
El nazismo les llevó primero a la guerra y luego a la tumba, y los totalitarismos en una y otra dirección son también una sombra que a veces oscurece el cementerio alemán de Cuacos de Yuste. «Hubo quien no lo vio con buenos ojos», recuerda, con la distancia que dan los años transcurridos, Eulogio Moreno, farmacéutico en Plasencia (a media hora en coche) y alcalde de Cuacos de 1995 a 1999. Hoy, el sitio es sobre todo un reclamo turístico, pero también un santuario para unos pocos nostálgicos que se acercan hasta él. Hace unas semanas, unos cuantos se juntaron en el pueblo para ir andando hasta el camposanto, en una liturgia que se ha repetido otras veces, y de la que habitualmente se enteran los participantes, la Delegación del Gobierno y algún que otro camarero de Cuacos cuando tiene ante la barra a un grupo de gente vestida de negro pidiéndole cerveza.
En cualquier caso, una gota en el océano de la normalidad. No se conocen incidentes graves en el cementerio, más allá de alguna cruz dañada y de los exabruptos escritos que aconsejaron retirar del lugar el libro de firmas. Permanece el atril de piedra en el que reposaba, junto a un tronco de madera partido por la mitad que cumple la función de banco. Hay otros dos bancos en una esquina. Y nada más. Varios olivos, robles, alcornoques y una vegetación frondosísima cubriendo los muros de piedra que limitan la finca.
Ahora lo hace su hermana, pero durante años, ese jardín lo ha cuidado Jesús Pinadero, que tiene mil anécdotas que contar pero prefiere guardárselas. Hijo del constructor del cementerio, Jesús trabaja ahora doscientos metros más arriba, en el Monasterio de Yuste, el lugar que eligió para retirarse y morir Carlos I de España y V de Alemania (1500-1558). Él tiene la culpa de que el cementerio esté donde está. Y quienes visitan su última residencia son en su mayor parte los que después entran en el camposanto, que no depende directamente del Gobierno alemán, sino de una asociación ciudadana, la Volksbund Deutsche Kriegsgräberfürgsorge (Comisión de Conservación de Tumbas Militares Alemanas).
Ellos son los encargados de organizar los actos del Día de Luto Nacional alemán, que este año se celebra el 18 de noviembre. Esa mañana de domingo, este cementerio tan austero como evocador, único en España, se llenará de gente. Habrá cargos políticos y militares, hombres uniformados, un sacerdote católico y otro protestante. Y alguna que otra familia que se habrá hecho unos cuantos miles de kilómetros para sentirse un poco más cerca de su recuerdo. Quizás algún pariente lejano de Karl Schmidt, el chico que murió el día antes de soplar sus 19 velas. O de Otto Hartmann, el joven comandante del submarino U-77, la tumba 153, 'el niño' alemán de un jubilado de Cáceres que le lleva flores.
Submarino U-77 hundido frente a las costas calpinas
el 28 de Marzo de 1943
ENLACES:
https://www.hoy.es/v/20121104/sociedad/cruz-comandante-hartmann-20121104.html
https://alicantepedia.com/fotografias/el-submarino-alem%C3%A1n-u-77-hundido-en-el-litoral-alicantino
https://en.wikipedia.org/wiki/German_submarine_U-77_(1940)
BÚSQUEDA DE GOOGLE:
Nos pusimos a buscar, como otra mucha gente que visita este cementerio, la tumba de Paul Neumann, por el parecido que tiene su nombre con el del actor.Murio con 22 años.
ENLACES:
https://www.miextremadura.com/noticias/turismo/156-cementerio-aleman-de-yuste.html
MINUBE:
Si alguien se pregunta qué diablos pinta un cementerio militar alemán en un pueblecito de Extremadura como Cuacos de Yuste, la respuesta es bien sencilla: Los alemanes, siempre tan patriotas, decidieron enterrar los cuerpos de sus héroes de guerra junto al Monasterio de Yuste, última residencia del Emperador Carlos I de España y V de Alemania.
Al subir por la pequeña carretera que va de Cuacos de Yuste al Monasterio, uno se encuentra con una cruz negra entre las piedras, bajo la cual hay una piedra de mármol donde dice:
Deutscher
Soldatenfriedhof
Cuacos de Yuste
Cementerio
Militar Alemán
Avanzando por un camino estrecho rodeado de arbustos y plantas aromáticas, se llega al cementerio. Es un lugar impactante. Germano: Muy cuidado y ajardinado, formado por casi doscientas cruces de granito negro, alineadas milimétricamente entre olivos. Cada una con un nombre y una fecha.
MINUBE-2
En este cementerio descansan los caídos alemanes en diferentes puntos del territorio español durante los distintos conflictos que les trajeron a España, sobre todo las guerras mundiales y las guerra civil española.Este cementerio es uno que hay que visitar ya que es bastante curioso, además está a apenas un par de kilómetros del Monasterio de Yuste, así que nos pillará de paso en nuestra expedición por esta preciosa región extremeña.
WIKIPEDIA:
Fuera del recinto histórico de la ciudad y muy próximo al monasterio de Yuste se encuentra el llamado Cementerio Alemán. Lugar donde fueron trasladados los restos mortales de los combatientes alemanes de la primera y Segunda Guerra Mundial que llegaron a las costas y tierras españolas debido a naufragios, accidentes o al derribo de sus aviones.
ESPANAVIAJAR.COM
en las afueras del recinto histórico, se encuentra el llamado Cementerio Alemán, donde fueron enterrados los restos de los combatientes alemanes de la primera y segunda Guerra Mundial, que llegaron a territorio español por haber naufragado o por haberse derribado los aviones en los que se trasladaban.
ENLACES: GALERIA DE FOTOS:
ENLACES:
https://www.elespanol.com/reportajes/20170922/248755126_3.html#img_1
https://www.propronews.es/el-hundimiento-del-submarino-nazi-u-77/
https://www.hoy.es/caceres/misterioso-cementerio-aleman-20180331193207-nt.html
https://es.wikipedia.org/wiki/Cementerio_Militar_Alem%C3%A1n_de_Cuacos_de_Yuste
https://www.fotonazos.es/2014/06/el-cementerio-militar-aleman-de-cuacos-de-yuste/